En locales de barrio que funcionan al mediodía con vecinos, comerciantes y oficinistas, no en los restaurantes con carta en cinco idiomas de las plazas monumentales. En el distrito de Fatih esos locales están repartidos por todas las calles interiores y son la forma más barata y más rápida de comer bien. No hay que buscarlos con una lista: se reconocen porque a la hora de comer están llenos de gente que va sola.
Una lokanta es un comedor de barrio donde la comida está preparada y expuesta en bandejas, y se elige señalando. No hay carta que descifrar ni espera de cocina: se ve lo que hay, se apunta con el dedo y en dos minutos está en la mesa. Para un viajero que no habla turco es el sistema más cómodo que existe, y además es el que usan a diario los que viven en el barrio.
Se coge la bandeja o se señala directamente, y se paga por plato al final o en la caja. Tres cosas ayudan:
Hay un repertorio fijo que se repite en casi cualquier lokanta y que conviene reconocer. La sopa del día abre la comida; el arroz o el trigo partido acompañan casi todo; los guisos de alubias y los platos de verdura en aceite de oliva están siempre; y hay una o dos carnes guisadas. Con esos cuatro nombres en la cabeza se come bien una semana entera sin repetir.
Su dirección está en el barrio de Balabanağa, sobre la calle Vidinli Tevfikpaşa, una zona interior del distrito de Fatih algo apartada de los ejes más visitados. Esa posición es precisamente lo que permite comer donde come el barrio: al salir del portal no se entra en una calle de menús turísticos, sino en un tejido de comercio y vivienda que funciona con su propia clientela.
Se puede, y con más facilidad de lo que se espera. La cocina turca tiene una familia entera de platos de verdura cocinados en aceite de oliva y servidos templados, además de legumbres, arroces y ensaladas. Lo que sí conviene es preguntar, porque algunos guisos de verdura llevan caldo de carne; señalar y preguntar "etsiz" —sin carne— resuelve la duda.
Agua y ayran, una bebida de yogur salado que acompaña especialmente bien los platos de carne, y té al terminar. En muchos locales de barrio de esta parte de Fatih no se sirve alcohol; no es una norma general de la ciudad, pero sí una característica de este tipo de establecimiento, y conviene saberlo antes de sentarse si es algo que le importa.
Se gana precio, rapidez y una idea mucho más real de lo que se come aquí a diario. Se pierde la comodidad de la carta traducida y, en algunos casos, el horario largo: los comedores de barrio están pensados para la hora de comer y no para cenar tarde. Alojarse en un punto como el AHC Old City Hotel permite combinar ambas cosas, comiendo en el barrio y cenando donde haga falta.
Mal al mediodía y bien por la noche, si se sabe de antemano. Aquí se come antes que en España, y a la hora en la que un viajero español empieza a tener hambre muchas bandejas ya están vacías. La solución práctica es adelantar la comida principal y dejar la cena para el otro lado del barrio o para otro distrito.
En Fatih no hace falta buscar una experiencia gastronómica: basta con comer donde come el vecindario. Para ver la disponibilidad del AHC Old City Hotel en sus fechas consulte las habitaciones, y si quiere preguntar por el entorno inmediato o por el horario del desayuno, escriba a recepción.